
California, Siglo XX, 1950
El oleaje baja en las playas de San Francisco, y todas esas tablas con motivos coloridos y en ocasiones extravagantes, se transportan al pavimento dejando inanimado y solitario el océano. Los jóvenes surfistas se ponen una playera, unos tenis de suela plana, acortan sus tablas y les adaptan ruedas. Ahora sus olas son andenes, muros, tubos; cada espacio en el asfalto reemplaza el mar.
Oriente Antioqueño, Siglo XXI, 2008
En Rionegro el pipe está vacío, entorpeciendo aún más el paisaje desolador que lo acoge; y ese espacio al lado de las puertas del estadio, ya no escucha el rodar de las tablas sobre el asfalto, ni su raspar en el único tubo utilizado para el skateboarding. Sus practicantes se sumaron a la larga lista de desplazados de la región. Algún grupo de seguridad privada se unió al pensamiento común sobre lo que es y hace un skate, y con su poder extintor acabó una comunidad que ahora rueda dispersa.
Hay otros municipios que intentan promover este deporte, pero, no por dar libertad, espacios y recursos, se crea la pasión que siente quien tiene la tabla como su estilo de vida. En el Carmen de Viboral el nuevo pipe estrenó muchos jóvenes que pretendían ser skates, quienes una vez gastaron sus tablas y energías momentáneas, lo dejaron como un adorno más del paisaje artificial.
Pero de la herencia de los surfistas californianos no todo se ha perdido. En el Oriente hay algunos municipios donde se vive y se siente esta cultura. Nos internamos en el pueblo de calles de trazado perfecto donde hallamos el alma de un grupo estereotipado por su práctica deportiva.
La Ceja es el segundo municipio del país con más bicicletas. Es el medio de transporte más común entre sus habitantes, sin embargo, no se practica bicicross o biketrial y no hay un grupo definido de ciclistas. Pero hace algunos años Zeus, Asdrúbal, El Juanda, El Zurdo, y otros, se tomaron los andenes del pueblo y cualquier lugar que tuviera escaleras como el teatro, la biblioteca o el banco ganadero, que fueron testigos de la aparición de algo que no es un medio de transporte – aunque puede utilizarse para ello – sino, más bien, una manifestación deportiva y artística: El Skateboarding.
Ese martes, muchas monedas alimentaron un teléfono público, instrumento y cómplice de la búsqueda de un guía en ese mundo de caídas, esfuerzos y trucos. No queríamos a cualquiera, esperábamos hallar a alguien que no sólo conociera, sino que viviera y sintiera que sus venas las recorrieran sangre skate.
Las indagaciones nos llevaron, inicialmente, a entablar comunicación con Martha, quien por mucho tiempo había sido la promotora visible de esta práctica deportiva en el municipio de La Ceja. Sus palabras las cubrieron una sombra de duda. Ya no trabaja con los jóvenes skate, pero nada de lo que decía explicaba concretamente por qué, ni siquiera estaba visitando continuamente el paisaje de su pueblo.
Nos quedó la sensación desagradable del desmoronamiento progresivo de la comunidad que esperábamos palpar. Aferrados a los pocos datos certeros que nos habían quedado de la conversación con Martha, apuntamos la brújula hacia el INCERDE (Instituto Cejeño de Recreación y Deporte), respaldo de los amantes de las rampas, tubos y pavimento. Con el cambio en la fuente de información, también se transformaban nuestras expectativas. Ahora teníamos datos concretos y una cita, horas más tarde, con alguien llamado Jorge Meneses.
El cielo gris y una diminuta llovizna, acompañaron nuestro trayecto hasta el lugar de la reunión. Tras unos segundos de vacilación, anunciamos nuestra presencia. Aún no llegaba nuestro anfitrión; esperábamos, un poco nerviosos, ver a un señor serio, vestido elegantemente, que nos diría lo que preguntáramos sobre una actividad que quizá conocía desde afuera.
Mientras casi besábamos el muro, en un intento desesperado por huirle a la incesante lluvia, vimos llegar a un joven, de tez morena, mediana estatura, y con una gorra que parecía anclada a su cráneo, sin embargo, lo que para nosotros era más llamativo se sostenía de su bolso, una tabla, con un logo fucsia incandescente.
Lo primero que pensamos fue que podría hacer parte de nuestra investigación, y así sería. Aquel señor serio, vestido elegantemente que estábamos esperando, era el dueño de aquella tabla que robó nuestra atención.
Jorge Meneses, un santandereano de veintisiete (27) años, que tras habitar desde hace ocho (8) en el municipio de La Ceja, ha adoptado algunas “mañas” paisas, ya que al momento de comunicarle el motivo de nuestra visita, su expresión fue: “¿Y qué ganamos nosotros?”, refiriéndose a la comunidad skate, así que nuestra reacción inmediata fue explicarle que no teníamos opción de retribución económica, pero, a cambio, el trabajo se expondría ante un público numeroso, con posibilidades de reconocimiento y de cambiar el imaginario que se tiene en el Oriente antioqueño sobre ellos, además, por qué no, nuevos patrocinios.
Sentados en un frío salón, que amablemente Giovanni Osorio, administrador del INCERDE, dispuso para nosotros, Jorge comenzó por contarnos que hace un par de años, La Ceja tenía un grupo skate conformado. Libre Expresión, integrado por unos treinta (30) jóvenes, organizaba zafarranchos, –fiestas rocanroleras- competencias y conciertos, todo con el fin de recoger fondos para asistir a campeonatos, comprar complejos –tubos, rampas, cajones…- o, simplemente, ir a montar en el skatepark de Medellín. Pero algo más de un año de continuas peleas e inconformidades, acabaron con el grupo del que sólo queda una camiseta que aún algunos lucen.
Durante este tiempo Jorge había estado solo, divagando con su tabla por las calles, acompañado sólo de la música de ACDC, Black Sabbath y Led Zeppelin. Tras la ruptura de Libre Expresión, “Dianita”, una amiga y admiradora, preocupada por su desmoronamiento, anima a Jorge a reunir a los muchachos y tomar el liderazgo. Un poco indeciso, pero con la motivación de que todos volvieran a rodar en una misma dirección, les explicó sus intenciones, los hizo partícipes de sus sueños y planes, en los cuales ellos eran los personajes principales. Una energía renovada se apoderó del grupo que ahora volvió a serlo, pero su disposición no era suficiente, había que buscar patrocinios, además, consentimiento y apoyo del INCERDE. Era empezar de nuevo.
La motivación de Jorge era tal, que no sólo consiguió el permiso para la utilización de un espacio en la Unidad Deportiva para las prácticas sino que, además, logró que La Casa de La Cultura, La Fundación Café, La Secretaria de Educación y La Oficina de Juventud, se sumaran a los benefactores e impulsaran la labor que se había propuesto.
Desde agosto han materializado muchas de sus metas, pues, a pesar del poco tiempo que llevan como Proyect Skate ya consiguieron una rampa, un cajón, tres tubos, una jota, y están gestionando otros complejos.
No sólo los bienes materiales son el objetivo de Jorge, también promueve la educación, los valores, la convivencia en familia y en general buenos hábitos de vida para el grupo.
Otra actividad que está adelantando este líder es la promoción del skate dentro de la población infantil, con un semillero que dirige los domingos en la Unidad Deportiva y, aunque no ha sido fácil convencer a muchos padres, ya cuenta con un grupo de niños entusiastas y comprometidos.
En estos dos meses y medio, cimentados en sus ganas, los avances son palpables. Cumpliendo unas sencillas reglas impuestas por el INCERDE, han consolidado su trabajo y logrado que éste formule proyectos para el futuro, como un posible skatepark.
La luz del día se había transformado en noche, era hora de despedirnos de Jorge, al menos por esa vez, pues teníamos que conocer al grupo en pleno; si todos eran como él, la sociedad, una vez más, se había equivocado con sus juicios sin fundamentos sólidos.
La promesa de regresar se cumplió pocos días después. Desde la distancia podíamos oír el sonido seco que hace la tabla en su contacto con el cemento, y ver un grupo de jóvenes elevándose varios metros hacia el cielo. Con un poco de recelo nos acercamos. Ellos nos estaban esperando y no se intimidaron con los insistentes destellos del flash de nuestras cámaras, que, en este punto, ya estaban enamoradas de los trucos que hacían; ni con todas nuestras preguntas, a veces torpes, las que siempre respondieron paciente y amablemente.
No, allí no estaban fumando marihuana, ni tenían otras drogas, no estaban oyendo música satánica, como muchos le dicen al rock pesado, no estaban planeando ningún crimen; sólo eran unos amigos unidos por su amor al skate, gastando sus energías en un deporte extremo y vistoso, calmando su sed con esa popular mezcla llamada “chamber”, que pasó por nuestro paladar como símbolo de aceptación, haciendo lo que más les gusta, siendo felices.
Gracias a Samuel, “Teléfono”, “Johncito”, (o cosito, por culpa nuestra) “Tortuga”, Hernán, Danilo, “Momó”, Alex, “El negro”, por supuesto a Jorge, y a todos los que nos permitieron disfrutar de sus ollie, flip, varial, y todos los trucos, que aún permanecen en nuestra retina.
Cheli Melisa Llano Marín, Eisen Hawer López Chica, Silvana Escobar Arias.
El Carmen de Viboral, Antioquia.
Viernes, 31 de octubre de 2008
El oleaje baja en las playas de San Francisco, y todas esas tablas con motivos coloridos y en ocasiones extravagantes, se transportan al pavimento dejando inanimado y solitario el océano. Los jóvenes surfistas se ponen una playera, unos tenis de suela plana, acortan sus tablas y les adaptan ruedas. Ahora sus olas son andenes, muros, tubos; cada espacio en el asfalto reemplaza el mar.
Oriente Antioqueño, Siglo XXI, 2008
En Rionegro el pipe está vacío, entorpeciendo aún más el paisaje desolador que lo acoge; y ese espacio al lado de las puertas del estadio, ya no escucha el rodar de las tablas sobre el asfalto, ni su raspar en el único tubo utilizado para el skateboarding. Sus practicantes se sumaron a la larga lista de desplazados de la región. Algún grupo de seguridad privada se unió al pensamiento común sobre lo que es y hace un skate, y con su poder extintor acabó una comunidad que ahora rueda dispersa.
Hay otros municipios que intentan promover este deporte, pero, no por dar libertad, espacios y recursos, se crea la pasión que siente quien tiene la tabla como su estilo de vida. En el Carmen de Viboral el nuevo pipe estrenó muchos jóvenes que pretendían ser skates, quienes una vez gastaron sus tablas y energías momentáneas, lo dejaron como un adorno más del paisaje artificial.
Pero de la herencia de los surfistas californianos no todo se ha perdido. En el Oriente hay algunos municipios donde se vive y se siente esta cultura. Nos internamos en el pueblo de calles de trazado perfecto donde hallamos el alma de un grupo estereotipado por su práctica deportiva.
La Ceja es el segundo municipio del país con más bicicletas. Es el medio de transporte más común entre sus habitantes, sin embargo, no se practica bicicross o biketrial y no hay un grupo definido de ciclistas. Pero hace algunos años Zeus, Asdrúbal, El Juanda, El Zurdo, y otros, se tomaron los andenes del pueblo y cualquier lugar que tuviera escaleras como el teatro, la biblioteca o el banco ganadero, que fueron testigos de la aparición de algo que no es un medio de transporte – aunque puede utilizarse para ello – sino, más bien, una manifestación deportiva y artística: El Skateboarding.
Ese martes, muchas monedas alimentaron un teléfono público, instrumento y cómplice de la búsqueda de un guía en ese mundo de caídas, esfuerzos y trucos. No queríamos a cualquiera, esperábamos hallar a alguien que no sólo conociera, sino que viviera y sintiera que sus venas las recorrieran sangre skate.
Las indagaciones nos llevaron, inicialmente, a entablar comunicación con Martha, quien por mucho tiempo había sido la promotora visible de esta práctica deportiva en el municipio de La Ceja. Sus palabras las cubrieron una sombra de duda. Ya no trabaja con los jóvenes skate, pero nada de lo que decía explicaba concretamente por qué, ni siquiera estaba visitando continuamente el paisaje de su pueblo.
Nos quedó la sensación desagradable del desmoronamiento progresivo de la comunidad que esperábamos palpar. Aferrados a los pocos datos certeros que nos habían quedado de la conversación con Martha, apuntamos la brújula hacia el INCERDE (Instituto Cejeño de Recreación y Deporte), respaldo de los amantes de las rampas, tubos y pavimento. Con el cambio en la fuente de información, también se transformaban nuestras expectativas. Ahora teníamos datos concretos y una cita, horas más tarde, con alguien llamado Jorge Meneses.
El cielo gris y una diminuta llovizna, acompañaron nuestro trayecto hasta el lugar de la reunión. Tras unos segundos de vacilación, anunciamos nuestra presencia. Aún no llegaba nuestro anfitrión; esperábamos, un poco nerviosos, ver a un señor serio, vestido elegantemente, que nos diría lo que preguntáramos sobre una actividad que quizá conocía desde afuera.
Mientras casi besábamos el muro, en un intento desesperado por huirle a la incesante lluvia, vimos llegar a un joven, de tez morena, mediana estatura, y con una gorra que parecía anclada a su cráneo, sin embargo, lo que para nosotros era más llamativo se sostenía de su bolso, una tabla, con un logo fucsia incandescente.
Lo primero que pensamos fue que podría hacer parte de nuestra investigación, y así sería. Aquel señor serio, vestido elegantemente que estábamos esperando, era el dueño de aquella tabla que robó nuestra atención.
Jorge Meneses, un santandereano de veintisiete (27) años, que tras habitar desde hace ocho (8) en el municipio de La Ceja, ha adoptado algunas “mañas” paisas, ya que al momento de comunicarle el motivo de nuestra visita, su expresión fue: “¿Y qué ganamos nosotros?”, refiriéndose a la comunidad skate, así que nuestra reacción inmediata fue explicarle que no teníamos opción de retribución económica, pero, a cambio, el trabajo se expondría ante un público numeroso, con posibilidades de reconocimiento y de cambiar el imaginario que se tiene en el Oriente antioqueño sobre ellos, además, por qué no, nuevos patrocinios.
Sentados en un frío salón, que amablemente Giovanni Osorio, administrador del INCERDE, dispuso para nosotros, Jorge comenzó por contarnos que hace un par de años, La Ceja tenía un grupo skate conformado. Libre Expresión, integrado por unos treinta (30) jóvenes, organizaba zafarranchos, –fiestas rocanroleras- competencias y conciertos, todo con el fin de recoger fondos para asistir a campeonatos, comprar complejos –tubos, rampas, cajones…- o, simplemente, ir a montar en el skatepark de Medellín. Pero algo más de un año de continuas peleas e inconformidades, acabaron con el grupo del que sólo queda una camiseta que aún algunos lucen.
Durante este tiempo Jorge había estado solo, divagando con su tabla por las calles, acompañado sólo de la música de ACDC, Black Sabbath y Led Zeppelin. Tras la ruptura de Libre Expresión, “Dianita”, una amiga y admiradora, preocupada por su desmoronamiento, anima a Jorge a reunir a los muchachos y tomar el liderazgo. Un poco indeciso, pero con la motivación de que todos volvieran a rodar en una misma dirección, les explicó sus intenciones, los hizo partícipes de sus sueños y planes, en los cuales ellos eran los personajes principales. Una energía renovada se apoderó del grupo que ahora volvió a serlo, pero su disposición no era suficiente, había que buscar patrocinios, además, consentimiento y apoyo del INCERDE. Era empezar de nuevo.
La motivación de Jorge era tal, que no sólo consiguió el permiso para la utilización de un espacio en la Unidad Deportiva para las prácticas sino que, además, logró que La Casa de La Cultura, La Fundación Café, La Secretaria de Educación y La Oficina de Juventud, se sumaran a los benefactores e impulsaran la labor que se había propuesto.
Desde agosto han materializado muchas de sus metas, pues, a pesar del poco tiempo que llevan como Proyect Skate ya consiguieron una rampa, un cajón, tres tubos, una jota, y están gestionando otros complejos.
No sólo los bienes materiales son el objetivo de Jorge, también promueve la educación, los valores, la convivencia en familia y en general buenos hábitos de vida para el grupo.
Otra actividad que está adelantando este líder es la promoción del skate dentro de la población infantil, con un semillero que dirige los domingos en la Unidad Deportiva y, aunque no ha sido fácil convencer a muchos padres, ya cuenta con un grupo de niños entusiastas y comprometidos.
En estos dos meses y medio, cimentados en sus ganas, los avances son palpables. Cumpliendo unas sencillas reglas impuestas por el INCERDE, han consolidado su trabajo y logrado que éste formule proyectos para el futuro, como un posible skatepark.
La luz del día se había transformado en noche, era hora de despedirnos de Jorge, al menos por esa vez, pues teníamos que conocer al grupo en pleno; si todos eran como él, la sociedad, una vez más, se había equivocado con sus juicios sin fundamentos sólidos.
La promesa de regresar se cumplió pocos días después. Desde la distancia podíamos oír el sonido seco que hace la tabla en su contacto con el cemento, y ver un grupo de jóvenes elevándose varios metros hacia el cielo. Con un poco de recelo nos acercamos. Ellos nos estaban esperando y no se intimidaron con los insistentes destellos del flash de nuestras cámaras, que, en este punto, ya estaban enamoradas de los trucos que hacían; ni con todas nuestras preguntas, a veces torpes, las que siempre respondieron paciente y amablemente.
No, allí no estaban fumando marihuana, ni tenían otras drogas, no estaban oyendo música satánica, como muchos le dicen al rock pesado, no estaban planeando ningún crimen; sólo eran unos amigos unidos por su amor al skate, gastando sus energías en un deporte extremo y vistoso, calmando su sed con esa popular mezcla llamada “chamber”, que pasó por nuestro paladar como símbolo de aceptación, haciendo lo que más les gusta, siendo felices.
Gracias a Samuel, “Teléfono”, “Johncito”, (o cosito, por culpa nuestra) “Tortuga”, Hernán, Danilo, “Momó”, Alex, “El negro”, por supuesto a Jorge, y a todos los que nos permitieron disfrutar de sus ollie, flip, varial, y todos los trucos, que aún permanecen en nuestra retina.
Cheli Melisa Llano Marín, Eisen Hawer López Chica, Silvana Escobar Arias.
El Carmen de Viboral, Antioquia.
Viernes, 31 de octubre de 2008
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