A Natalia R. quien, independientemente de sus gustos, compartió, vivió y disfrutó conmigo esta inolvidable experiencia. Y a mi hermana Erika, quien se enorgullece de hacer parte de historias como esta.
Cansado de leer crónicas de muertes, secuestros, desplazamientos, prostitución y drogadicción, hoy expongo otro lado de lo que hay y lo que somos en el oriente. Porque no significamos muerte y violencia, somos territorio de paz y de cultura.
El pasado 8 de marzo se realizó en La Ceja el Rocker’s Fest en las instalaciones de Gabana ubicada en la Zona Rosa. Interface, Grotesco, Mala Muerte, Grito, Johnie All Star, Supermasivo, Tom Sawyer y Nueve Once, fueron las encargadas de el festival más importante de Rock And Roll que se halla celebrado en este municipio.
A pesar de haber asistido a muchos conciertos, puedo asegurar que este ha sido el mejor. Es hermoso y gratificante ver jóvenes de Rionegro, La Ceja, Marinilla, El Carmen de Viboral, El Santuario, El Retiro y Medellín, unidos en una misma voz, compartiendo el mismo sentimiento y protagonizando esta historia que ahora comparto con ustedes…
Una larga fila se observa. Alrededor de tres cuadras de peinados estrambóticos, vestimentas negras la mayoría, correas de taches, piercings, botones, manillas, tatuajes, cadenas, bolsos… parece la descripción de una venta de garaje; para el común de la gente, son sólo un montón de muchachos rebeldes y satánicos esperando para entrar a hacer uno de sus acostumbrados rituales escuchando música Metálica. Pero lo que no saben es que Metálica no es un género musical, ni un tipo de música, es una banda, una de las mas grandes y legendarias, una de las que hoy muchas agrupaciones se vanaglorian de rendirle tributo como “A Tribute to the Four Horsemen”* y que todos esos jóvenes vestidos de negro y cabello largo, no van para un culto de adoración al demonio. Esa larga espera es para un concierto de Rock.
Por fin se abren las puertas. A la entrada se paran imponentes tres o cuatro policías dispuestos para requisar hasta el último bolsillo de cada uno de los jóvenes que vamos a entrar. Nos tratan como delincuentes; parece una gran redada en la que esperan encontrar multitudes de armas blancas y de fuego, pero ante la impotencia de no poder encontrar lo que esperan –aunque no falta el atravesado que carga su cuchillo en la media o debajo de la camisa- decomisan correas, hebillas, botones, cadenas, botellas de agua y comida. Todos los que entremos lo haremos con las manos casi vacías, al igual que nuestros estómagos –la mayoría- pero esto no va a restar energías para el gran espectáculo que nos aguarda.
Al fin llega ese momento tan ansiado. Doce cuerdas divididas en dos guitarras. Distorsiones que se mezclan en el aire con el retumbar de un bajo y el escandaloso ruido de una batería; solo eso es suficiente. Aunque otros excluyen una de las guitarras y muchos otros incluyen trompetas, saxofón, teclados, acordeones, violines, gaitas… en fin, el número de instrumentos no importa, incluso un acústico nos pondría los pelos de punta. En este caso son el rasgueo de una guitarra y el punteo de otra las que nos harán vibrar, acompañado por las notas de un bajo y los redobles y rebotes de una Tama. Letras que hablan de política, sociedad, violencia, amigos, la vida, el amor y el desamor; son esas letras que nos hacen gritar de emoción, que nos hacen saltar y sacar todo eso que sentimos, dejándolo fluir en una canción.
Poco a poco, con la música en nuestros oídos, empezamos a hacer parte de una fantasía, en medio de la multitud y el juego de luces; un sueño en el que logramos expresar, sin que nadie nos diga nada, todo eso que siempre hemos tenido reprimido ya que afuera nos juzgan simplemente por nuestra apariencia.
Acá estamos solos. Es un gran espacio en el que las voces se unen en una sola; un coro que brota de lo mas profundo de nuestros corazones y logra invadir cada rincón de la ciudad. Es ese hermoso sentimiento que podemos compartir con quienes lo sienten igual. Se regocija el espíritu y es para nosotros el paraíso.
Después de unas cuatro o cinco horas de brincar, cantar, poguear y gritar, finaliza el concierto. La sensación es indescriptible. En realidad es una paz interior o algo parecido. Apenas podemos sentir que tocamos el piso y el sudor que baña por completo nuestro cuerpo. Tanta euforia, represión y ansiedad que sentíamos unas horas antes, ya no están. Después de salir de aquel sagrado recinto con nuestros oídos a punto de estallar, vemos la vida de una manera diferente pero el mundo nos sigue viendo igual y la discriminación y el rechazo se evidencian a nuestro paso.
La gente debería empezar a ver más allá. Más adentro de lo que aparentamos, más allá de un prototipo que la sociedad se ha dedicado a degenerar y a criticar sin compasión. Adentro está lo que la gente no ve por que se niega a hacerlo. Los jóvenes rockeros somos amantes a la vida, a las aventuras, al deporte, al estudio, a la música, a lo que hacemos. Pero, lastimosamente, lo único que le reflejamos a la sociedad es rebeldía y sobre todo anarquía. Pero si las personas se dedicaran a ver lo que es en realidad y no lo que quieren ver se darán cuenta de las maravillosas y valiosas personas que hay detrás de la apariencia de la juventud rockera.
A muchos puede importarles poco lo que la gente piense u opine de ellos, incluyéndome, pero nos afecta en nuestra vida social, laboral y académica. En los colegios, quieren seguir un régimen militar y seguir manipulando la personalidad y en cierta parte la vida de los jóvenes. En las empresas buscan un prototipo de persona que se vista como ellos lo impongan y así poder tener a todos los empleados exactamente igual, robotizados y sin que se distingan unos de otros. En la calle, nos señalan de ladrones, drogadictos, rebeldes, satánicos, vagos y desadaptados, por eso para nosotros son tan importantes estos espacios y por eso siempre los disfrutaremos al máximo, sin importar costo, distancia, clima o lugar.
En lo personal, para la escena del rock and roll, fue una gran ganancia. Nos demostramos a nosotros mismos que si podemos compartir un escenario y que para nosotros si existe la unidad de género. Nada más reconfortante que ver en un mismo espacio y a un mismo tiempo a los Metaleros, los Punkeros, los Neos, los Rasta, los Hardcore y hasta los mismos Emos, sin miedo y sin discriminación alguna.
El Rocker’s Fest le dio la bienvenida, nuevamente, al espíritu rockero del municipio que por tanto tiempo había estado ausente y abrió las puertas a otros eventos y a otros espacios que esperamos se repitan con frecuencia.
Después de este festival, el municipio de La Ceja ahora es denominado como La Ceja rock’s City. Posterior al Rocker’s Fest, hemos tenido grandes conciertos como el de La Mojiganga, o la visita de Rey Gordiflón y Providencia y el concierto del 23 de Agosto denominado Principiantes del caos, otro espacio en el que pudimos, nuevamente, gritar y cantar por lo que somos.
Si queremos ser tratados como personas normales y ser aceptados en la sociedad, debemos empezar nosotros mismos por ser una sola familia y unir géneros. Demostremos al mundo que podemos hacerlo. Ese es nuestro aporte al mundo y a nosotros mismos. Somos y seguiremos siendo la familia rockera de Colombia y nuestro himno será por siempre ¡Rock And Roll hasta la muerte!
* Tributo a Metálica por trece agrupaciones, editado y publicado en el año 2003.
Cansado de leer crónicas de muertes, secuestros, desplazamientos, prostitución y drogadicción, hoy expongo otro lado de lo que hay y lo que somos en el oriente. Porque no significamos muerte y violencia, somos territorio de paz y de cultura.
El pasado 8 de marzo se realizó en La Ceja el Rocker’s Fest en las instalaciones de Gabana ubicada en la Zona Rosa. Interface, Grotesco, Mala Muerte, Grito, Johnie All Star, Supermasivo, Tom Sawyer y Nueve Once, fueron las encargadas de el festival más importante de Rock And Roll que se halla celebrado en este municipio.
A pesar de haber asistido a muchos conciertos, puedo asegurar que este ha sido el mejor. Es hermoso y gratificante ver jóvenes de Rionegro, La Ceja, Marinilla, El Carmen de Viboral, El Santuario, El Retiro y Medellín, unidos en una misma voz, compartiendo el mismo sentimiento y protagonizando esta historia que ahora comparto con ustedes…
Una larga fila se observa. Alrededor de tres cuadras de peinados estrambóticos, vestimentas negras la mayoría, correas de taches, piercings, botones, manillas, tatuajes, cadenas, bolsos… parece la descripción de una venta de garaje; para el común de la gente, son sólo un montón de muchachos rebeldes y satánicos esperando para entrar a hacer uno de sus acostumbrados rituales escuchando música Metálica. Pero lo que no saben es que Metálica no es un género musical, ni un tipo de música, es una banda, una de las mas grandes y legendarias, una de las que hoy muchas agrupaciones se vanaglorian de rendirle tributo como “A Tribute to the Four Horsemen”* y que todos esos jóvenes vestidos de negro y cabello largo, no van para un culto de adoración al demonio. Esa larga espera es para un concierto de Rock.
Por fin se abren las puertas. A la entrada se paran imponentes tres o cuatro policías dispuestos para requisar hasta el último bolsillo de cada uno de los jóvenes que vamos a entrar. Nos tratan como delincuentes; parece una gran redada en la que esperan encontrar multitudes de armas blancas y de fuego, pero ante la impotencia de no poder encontrar lo que esperan –aunque no falta el atravesado que carga su cuchillo en la media o debajo de la camisa- decomisan correas, hebillas, botones, cadenas, botellas de agua y comida. Todos los que entremos lo haremos con las manos casi vacías, al igual que nuestros estómagos –la mayoría- pero esto no va a restar energías para el gran espectáculo que nos aguarda.
Al fin llega ese momento tan ansiado. Doce cuerdas divididas en dos guitarras. Distorsiones que se mezclan en el aire con el retumbar de un bajo y el escandaloso ruido de una batería; solo eso es suficiente. Aunque otros excluyen una de las guitarras y muchos otros incluyen trompetas, saxofón, teclados, acordeones, violines, gaitas… en fin, el número de instrumentos no importa, incluso un acústico nos pondría los pelos de punta. En este caso son el rasgueo de una guitarra y el punteo de otra las que nos harán vibrar, acompañado por las notas de un bajo y los redobles y rebotes de una Tama. Letras que hablan de política, sociedad, violencia, amigos, la vida, el amor y el desamor; son esas letras que nos hacen gritar de emoción, que nos hacen saltar y sacar todo eso que sentimos, dejándolo fluir en una canción.
Poco a poco, con la música en nuestros oídos, empezamos a hacer parte de una fantasía, en medio de la multitud y el juego de luces; un sueño en el que logramos expresar, sin que nadie nos diga nada, todo eso que siempre hemos tenido reprimido ya que afuera nos juzgan simplemente por nuestra apariencia.
Acá estamos solos. Es un gran espacio en el que las voces se unen en una sola; un coro que brota de lo mas profundo de nuestros corazones y logra invadir cada rincón de la ciudad. Es ese hermoso sentimiento que podemos compartir con quienes lo sienten igual. Se regocija el espíritu y es para nosotros el paraíso.
Después de unas cuatro o cinco horas de brincar, cantar, poguear y gritar, finaliza el concierto. La sensación es indescriptible. En realidad es una paz interior o algo parecido. Apenas podemos sentir que tocamos el piso y el sudor que baña por completo nuestro cuerpo. Tanta euforia, represión y ansiedad que sentíamos unas horas antes, ya no están. Después de salir de aquel sagrado recinto con nuestros oídos a punto de estallar, vemos la vida de una manera diferente pero el mundo nos sigue viendo igual y la discriminación y el rechazo se evidencian a nuestro paso.
La gente debería empezar a ver más allá. Más adentro de lo que aparentamos, más allá de un prototipo que la sociedad se ha dedicado a degenerar y a criticar sin compasión. Adentro está lo que la gente no ve por que se niega a hacerlo. Los jóvenes rockeros somos amantes a la vida, a las aventuras, al deporte, al estudio, a la música, a lo que hacemos. Pero, lastimosamente, lo único que le reflejamos a la sociedad es rebeldía y sobre todo anarquía. Pero si las personas se dedicaran a ver lo que es en realidad y no lo que quieren ver se darán cuenta de las maravillosas y valiosas personas que hay detrás de la apariencia de la juventud rockera.
A muchos puede importarles poco lo que la gente piense u opine de ellos, incluyéndome, pero nos afecta en nuestra vida social, laboral y académica. En los colegios, quieren seguir un régimen militar y seguir manipulando la personalidad y en cierta parte la vida de los jóvenes. En las empresas buscan un prototipo de persona que se vista como ellos lo impongan y así poder tener a todos los empleados exactamente igual, robotizados y sin que se distingan unos de otros. En la calle, nos señalan de ladrones, drogadictos, rebeldes, satánicos, vagos y desadaptados, por eso para nosotros son tan importantes estos espacios y por eso siempre los disfrutaremos al máximo, sin importar costo, distancia, clima o lugar.
En lo personal, para la escena del rock and roll, fue una gran ganancia. Nos demostramos a nosotros mismos que si podemos compartir un escenario y que para nosotros si existe la unidad de género. Nada más reconfortante que ver en un mismo espacio y a un mismo tiempo a los Metaleros, los Punkeros, los Neos, los Rasta, los Hardcore y hasta los mismos Emos, sin miedo y sin discriminación alguna.
El Rocker’s Fest le dio la bienvenida, nuevamente, al espíritu rockero del municipio que por tanto tiempo había estado ausente y abrió las puertas a otros eventos y a otros espacios que esperamos se repitan con frecuencia.
Después de este festival, el municipio de La Ceja ahora es denominado como La Ceja rock’s City. Posterior al Rocker’s Fest, hemos tenido grandes conciertos como el de La Mojiganga, o la visita de Rey Gordiflón y Providencia y el concierto del 23 de Agosto denominado Principiantes del caos, otro espacio en el que pudimos, nuevamente, gritar y cantar por lo que somos.
Si queremos ser tratados como personas normales y ser aceptados en la sociedad, debemos empezar nosotros mismos por ser una sola familia y unir géneros. Demostremos al mundo que podemos hacerlo. Ese es nuestro aporte al mundo y a nosotros mismos. Somos y seguiremos siendo la familia rockera de Colombia y nuestro himno será por siempre ¡Rock And Roll hasta la muerte!
* Tributo a Metálica por trece agrupaciones, editado y publicado en el año 2003.
Eisen Hawer López Chica, 2008
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