Los siguientes son dos reflexiones apartir del cortometraje Colombiano de Klych López, Ciudad Crónica.
- EL NEGOCIO MÁS RENTABLE
“Vender, vender, y vender”, de eso se trata el periodismo. O por lo menos de eso se trata en un país en el que estamos acostumbrados a creernos todo lo que nos dicen, a comprar todo lo que nos ofrecen y a pensar lo que nos dicen que pensemos. Hace poco leí en un comic llamado Robot, algo que decía “Mentir está bien. La gente es estúpida y hay que decirles que pensar”. Quizá quien lo lea podrá ofenderse y creer que no es cierto, pero por más que nos duela, es un fiel reflejo de lo que somos.
El compromiso del periodista es con la verdad y, obviamente, con la sociedad. Pero muchas veces toda esa ética que nos enseña la academia, se pierde en el camino del ejercicio. La necesidad de tener un trabajo estable es la que impulsa a un periodista a venderse, a dejar a un lado su verdadero compromiso profesional y ser el idiota útil de quien le da el sustento. Unos por necesidad, otros por simple avaricia; parece que el destino del periodista fuera ser parte de una ideología y seguir intereses propios y de quien se los impone. Pero es exagerado generalizar. Yo no pienso que los buenos seamos más -ni siquiera se si estoy catalogado dentro del grupo de “los buenos”- de hecho, creo todo lo contrario. Pero también sé que aún hay periodistas que le siguen guardando fidelidad al público, a la sociedad; periodistas que le siguen apostando a la verdad y a su responsabilidad social. Claro que en nuestro hermoso país asesino, eso siempre va a ser arriesgado y un acto casi suicida, pero hay que tomar el riesgo, teniendo en cuenta que le servimos un poquito más a la sociedad si estamos vivos. El problema es que siempre va a haber una competencia, no por quién da alguna noticia, sino por quién la da primero. La primicia, para mi, la muy detestada primicia, que siempre está condicionando y calificando la labor periodística. El medio más eficiente siempre va a ser el que primero dé la noticia. Es una tarea casi imposible cambiar esa concepción, ya que lo que la gente ve, lee y escucha, está en constante lucha por la anhelada primicia.
Ciudad Crónica nos da una leve ilustración de lo que no se debe hacer. Ya sabemos que lo que más vende es un titular llamativo, una imagen del, o los muertos, del atentado, del accidente. La gente busca algo que le dé mucho de que hablar y con que alimentar el morbo por unos segundos; pero cuál es el verdadero aporte social si lo que buscamos es vender con noticias ficticias y especulaciones. De que nos sirve tener una primicia si no sabemos la información completa. Para quien la quiera aprovechar, sabrá modificarla y terminarla a su gusto y conveniencia, pero si la labor periodística de verdad quiere aportarle bueno algo a las pervertidas mentes de la sociedad, hay que empezar por cambiarles la cara de la realidad. No estoy diciendo con esto que hay que mentirles u ocultarles lo que sucede, más bien, mostrar el otro lado, lo que los medios que se pelean no muestran por estar ocupados en su constante e infinita búsqueda de la primicia.
El periodismo, fácilmente, podría ser el negocio más rentable del país, claro, si no existiera el narcotráfico y las pirámides. Y es que aparte de vivir en un país marcado por una historia violenta, es un país masoquista que siempre está buscando ver muerte y desastres, por eso acuden a medios superficiales. Claro que ese periodismo amarillista es válido, no podemos quitarle a la sociedad lo que quiere consumir; el país podría perturbarse sin su dosis diaria de sangre, violencia y Amarillismo. De todas formas, siempre habrá alguien cansado de ver lo mismo y llegar al punto de la insensibilidad ante hechos trágicos, y busque algo que no esté mostrando el lado “sensacionalista” de los medios o de la realidad.
Los que queremos hacer una verdadera labor informativa y aportar al cambio, casi imposible, del país, probablemente estemos condenados a morirnos de hambre si lo único que sabemos hacer es un excelente trabajo periodístico. Eso podría terminar cuando ya no tengamos a quien ganarle.
Eisen Hawer López Chica.
- OFICIO DE PASIONES
Más que analizar los personajes, apiñar datos sobre el director, los actores, críticas y galardones, o hablar de todas esas cosas que suelen analizarse después de ver una película, de Ciudad Crónica quiero plasmar sensaciones, esas que a veces hay que poner a un lado para, desde la labor periodística, retratar la realidad; otras tantas son aliadas, ayudan a pintar paisajes escritos de lo que vemos y queremos transmitir; emociones que nos genera y hacemos despertar con el oficio ambivalente del periodismo.
Se tiene que estar un poco loco, o, al menos, ser de algún modo diferente, si se quiere dedicar la vida al periodismo. A muchos nos ha pasado que cuando la familia o personas cercanas indagan sobre las aspiraciones profesionales futuras y escuchan de nuestros labios un entusiasta ¡quiero ser periodista!, sin medir exageraciones reclaman: ¿periodista?, pero si en eso no se gana dinero, no va a ser nadie, le toca correr muchos riesgos, la pueden hasta matar…
Quizá sea cierto, pero así como los cirujanos sienten pasión por cortar la piel, ver la sangre deslizarse, sentir los peores olores humanos y enfrentarse con las enfermedades más crueles para tratar de aliviar los dolores, los periodistas amamos estar de frente con la realidad, incluso con la más grave, ensangrentada y lastimada, contarla es nuestra manera de intentar curarla.
Decidir ser periodista es el primer obstáculo de los tantos que se nos pondrán en el camino. Las confusiones morales, problemas concretos y enemigos, visibles e invisibles siempre estarán ahí. En la academia los ideales están claros, pretendemos salir de la universidad para cambiar el mundo, sentimos que tenemos el poder y las convicciones muy claras, pero ¿que pasará el día en que un fajo de billetes morados se nos ponga en frente? O ¿si a falta de éstos tenemos que trabajar en un medio que sólo se hace con el fin de vender?
Es claro que, siguiendo la premisa básica del oficio de trabajar por y para la gente, deben existir diversos tipos de periodismo, elitista, político, farandulero y hasta el llamado amarillista. Así como el periódico ficticio Ciudad Crónica, que le da nombre el cortometraje, existen muchos reales que diariamente ofrecen de plato fuerte a la muerte, en todas sus preparaciones y diversidad de ingredientes. El sufrimiento vende, por eso muchas veces ese tipo de morbo se vuelve el negocio y el fin. Haciendo a un lado el gusto por ese tipo de tópicos y el negocio que se hace con éstos, hay que reconocer que también es necesario que eso se cuente, se sepa, se denuncie. En qué forma se hace es algo que tiene a decisión de cada periodista y de las convicciones que le queden.
Seguramente, en unos años, algunos de nosotros estemos al servicio de esos periódicos, convertidos en Rocos y “batiperras”, cazando muertos por toda la ciudad, o siendo Matías y Mauricios con maneras de hacer periodismo diferentes, pero finalmente buscando más cadáveres, tal vez presentando noticias de belleza y estrellas de cine en la sección de farándula; lo más importante es que, si algún día somos eso, lo hagamos con conciencia, intentando servir, con calidad, sin olvidar que decidimos ser periodistas porque sentimos pasión por el oficio.
Silvana Escobar Arias.
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